La familia Germano Vietnamita

Acabada la cena, y dispuesto a reunirme con mis compañeros en la habitación, el padre, un alemán de unos cincuenta años cuyo nombre lamentablemente no recuerdo ahora mismo me invitó a dar un paseo por los alrededores del hotel, oferta que me sentí en cierto modo obligado a aceptar, dados los acontecimientos del día. Nada más levantarnos y escuchando el ruidoso ambiente del comedor donde el resto de los comensales brindaban por enésima vez nos detuvieron en seco, éramos los únicos varones occidentales del grupo, detalle del que me percaté en ese mismo momento, y sirviéndonos una copa de un licor transparente nos incitaron a brindar con ellos, ambos nos miramos y al grito de hoi hoi hoi, nos lo bebimos de un solo trago.
Aplausos y un nuevo brindis.
Con lágrimas en los ojos y no precisamente de alegría nos despedimos de nuestros anfitriones y comenzamos el paseo por las inmediaciones de nuestro hotel.
Hablamos de la situación en Alemania, en España y de las diferencias entre los europeos y los vietnamitas, todo ello en un inglés supervisado de cerca por la hija mayor de la familia, una velada tranquila y agradable donde pude hablar con todos por separado mientras vigilábamos las travesuras el benjamín de la familia.
Unas dos horas más tarde me despedí de la familia y volví a la habitación donde esperaban mis compañeros.

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