Cena en solitario...

Al llegar al hotel, y dejar la motocicleta, la primera parada después de la ducha más que obligatoria, fue hacia recepción para ver las fotografias del día en la pantalla del ordenador, minutos después llegarón los peatones con los que viajo, y me contarón las maravillas de la ciudad imperial, y el hallazgo de un puente hermoso alejado de los circuitos más turísticos, pero también me contaron que cerca de seis horas caminando bajo un sol de justicia les habían dejado sin demasiadas ganas de conocer la Hue nocturna, así que me preparé para una incursión en solitario.

Encontré un restaurante encantador cerca de La Carambole, pero mucho más tradicional y económico, tras un pato al horno especialidad de la casa, delicioso, me adentré en las salas de billares hasta que encontré una gran mesa de Holandeses y Belgas que veían un partido de tenis en diferido, pronto compartíamos anecdotas del viaje y los itinerários paraa los días siguientes.

Un biciciclo de dos dólares después estaba de vuelta en el hotel, con la barriga llena, y el probablemente peor mojito, que he probado en mucho tiempo.  

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