Hanoi, aeropuerto con encanto...

Después de despedirnos, sin demasiado énfasis, de nuestro nuevo amigo belga, descubrimos que pese a las diferencias culturales, nos parecemos más a nuestros compatriotas vietnamitas, que estos a los japoneses, antes de la señal de desabrochar el cinturón todos ellos estaban ya ataviados con sus equipajes, bolsas de mano e incluso juraría que vi bajar a dos del avión en marcha...

Una vez en camino a la terminal, un nuevo control de pasaporte, nos vuelven a detener, esta vez no por mi culpa... No sin cierto cachondeo sobre el anterior control ruso nos situamos en una nueva cola que sellará definitivamente nuestro visado y seremos libres turistas afincados en Hanoi...

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