Jazz Club Saigón

Al ver el letrero del club de jazz con música en vivo, mi acompañante y yo tuvimos pensamientos diferentes, la primera reacción de Joan fue la de realizar una serie de complicadas ecuaciones con parámetros como la proporción hombres mujeres, edades de estas últimas, occidentales en pareja, y parejas mixtas... Tras la serie de agotadoras operaciones aritméticas asintió con la cabeza como dando su consentimiento.

Yo, por el contrario, me entretenía mirando desde fuera el Escenario, los neones, que parecen tan de moda en este país... Y una serie de curiosas fotografías de artistas de Jazz acompañadas por la figura de un asiatico con gafas y pelo largo que más tarde resultaría ser el dueño del bar.

Nos decidimos a entrar... Y como mas tarde nos daríamos cuenta al ver la carta con los precios de las bebidas habíamos elegido uno de los mas selectos clubs de la ciudad.

La música en vivo fue genial, con artistas invitados de entre el público, como Ben, un personaje que durante toda nuestra epopeya decidiendo, si entrábamos o no, había estado fumando y contemplando secretamente la escena.

Ben y yo coincidimos en la entrada mientras fumábamos y esperábamos la siguiente actuación del grupo, su padre era argelino, y su madre neozelandesa, fue la respuesta que obtuve al preguntarle de donde era. Sus más de cuarenta y cinco años pasaban factura despotricaba contra la ciudad de Saigón pero hablaba maravillas de su gente, del club de jazz y como se había ganado la vida, enseñando solfeo y guitarra a los camareros del bar. Saco una vieja guitarra y me preguntó si tocaba... Le dije que un poco la batería y se rió.

Nos interrumpió la vocecilla más dulce y aguda que he oído en mucho tiempo, y Ben dijo el grupo empezará ahora, y luego despotricó, contra la mujeres del país, y sobre la de la vocecilla en particular.

Nada más entrar se acercó al dueño luego al batería y me miraron cómplices y sonrientes...

No se como acabará esta noche...

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